A 27 años del asesinato de Ramón “Sugus” Santillán, su madre, Lilia del Valle Saavedra, escribe una carta íntima y política donde transforma el dolor en memoria colectiva, denuncia la persistencia de la violencia institucional y reivindica la lucha colectiva contra la impunidad.


Lilia del Valle Saavedra

Por Lilia del Valle Saavedra


06 de junio de 2026 – 06:00


Lilia del Valle Saavedra frente a la señalización del asesinato de Ramón, en la estación William Morris. Nicolás Parodi

Hola, hijo querido:

Donde quiera que te encuentres, deseo que estés muy bien y seas feliz. Hoy hace 27 años que nos separaron. Una mano asesina se adueñó de tu vida y me dejó con el dolor más intenso que puede tener una persona, que es la pérdida de un hijo. Es un dolor inconmensurable e intransferible.

Pero no hubo lugar para el duelo. Había que salir a luchar para que no quedara impune, como tantos casos, y dije que lucharía para que tu muerte no sea en vano y para que no sigan asesinando, por lo general, a jóvenes racializados, pobres y de barrios populares. Una lucha desigual, donde la Justicia mira para otro lado porque es selectiva.

Hoy, 6 de junio, voy a homenajear tu memoria como hace 27 años, pero desde otro lugar: a través de una carta hecha con mucho amor, recuerdo y esperanza. No nos reuniremos con tus amigos, la familia, los familiares de víctimas, compañeros y vecinos en el paso a nivel de la estación de William Morris. Decidí hoy escribirte para decirte que te amo y te extraño como el primer día; que esta lucha, que nació del dolor, con los años se transformó en amor y hoy abraza todas las luchas.

Con el paso de los años entendí que la memoria también necesita ser cuidada. A veces duele sentir que algunas causas van quedando demasiado solas, incluso cuando deberían convocarnos a todos. Pero aprendí que mientras haya una madre, una familia o un vecino que recuerde, la lucha seguirá viva.

Aunque hoy no nos encontremos en el lugar de siempre, la lucha sigue estando en las calles, como siempre, porque hay un gobierno violento desde su discurso y en la práctica, donde golpean a los adultos mayores; a las personas con discapacidad se las deja sin coberturas ni derechos; a las personas con enfermedades terminales, sin medicamentos; donde a la educación y a la salud pública les bajan el presupuesto; donde siguen asesinando jóvenes pobres, generalmente negros, y atropellan los hogares vulnerables; donde siguen desapareciendo niñas y jóvenes que son violadas y asesinadas, como en el caso más reciente, el de Agostina; donde salió un fiscal a felicitar a los perros policías que hallaron los restos y nunca se dignó a decir que siempre se llega tarde por la inoperancia de la policía y la Justicia; y donde hay un gobierno que avala o justifica este accionar.

Veo derrumbar muchos derechos que avanzamos y conquistamos en las calles, y con mucha lucha y sangre de todas las víctimas. Muchas veces pienso que para los pobres y negros no existe la Justicia, y también que una gran parte de la sociedad es discriminadora. Lo veo generalmente con las personas que viven en las calles o en barrios humildes.

Por eso siempre digo que la lucha continúa y que tu memoria me da la fortaleza para continuar, hasta que haya justicia para todos y termine la impunidad.

Podré estar dolida, ¡pero jamás vencida!

*Mamá de Ramón “Sugus” Santillan y presidenta de la Fundación V.E.I.